
Quiero estar en Tu presencia
Quiero derramar mi corazón
Quiero derramar mi espíritu delante de Ti
Pedí se hiciera tu voluntad y así fue
Lección de vida, lección de amor, lección de misericordia
¡¡¡¡Te alabo Papito!!!!

Cuántas ocasiones hemos sentido que no podemos más con los problemas, que no podemos soportar más, que estamos a punto de derrumbarnos.
Cuando somos adolescentes - jóvenes tenemos problemas en la escuela, cuando adultos problemas en el trabajo, conflictos con los compañeros, incluso despido. Llegamos a casa, con la esperanza de poder tener un momento de paz, de tranquilidad, pero no es así y nos sale al paso problemas familiares, peleamos con nuestra pareja o nuestros padres y todo empieza a derrumbarse, empezamos a sentir que ya no tiene caso seguir adelante, que nuestras fuerzas se agotaron, que no tiene caso seguir vivos, que nadie nos entiende, la soledad empieza a pesar como una enorme loza sobre nuestras espaldas ¿Cómo reaccionamos en ese momento?
El pasaje de Hechos 16:11-40 nos relata cuando Pablo y Silas viajan a Filipos, en esa ciudad debido a que afectan intereses económicos de algunas personas son juzgados, les rasgan sus ropas, los azotan y envian a la cárcel.
Quizá nosotros no hemos sido juzgados de esta forma, pero si juzgados por nuestros familiares, amigos o compañeros, quizá nuestros golpes además de los físicos son los morales, tal vez no nos lleven a la cárcel, pero nuestras dificultadaes ponen barreras y coartan nuestra libertad.
Pablo y Silas son arrojados a la cárcel, en el calabozo de más adentro, resguardados celosamente por un guardia y allí le llegó la noche y medianoche.
Pablo y Silas ante las condiciones que estaban viviendo, de pérdida de su ropa, integridad física y libertad, reaccionaron orando y cantando, en medio de la noche, enmedio de la desesperanza, humanamente no tenían salida, pasarían allí un largo tiempo, no había forma de ser liberados. ¿No es así como muchas ocasiones lo pensamos?
Y de pronto acontece un gran terremoto "de tal manera que los cimientos de la cárcel se sacudían; y al instante se abrieron todas las puertas, y las cadenas de todos se soltaron"
Cuando oramos enmedio de la noche, en medio de nuestras preocupaciones, nuestros cimientos tiemblan y las puertas se abren. Cuando las puertas de los cielos se abren, se desparrama bendición, porque la puerta es Jesús.
El carcelero despierta y al ver que las puertas están abiertas, pensó que los presos habían huido y tal era el castigo que prefirió sacar su espada con la intención de matarse. Pero Pablo al darse cuenta, le avisa que todos estaban dentro.
Muchas ocasiones cuando nuestra mente y corazón se encuentran confundidos, reaccionamos desesperadamente, sin analizar, sin pensar serenamente. Muchas veces nos "clavamos una espada" porque nos dejamos abatir, nos dejamos caer, cometemos barbaridades que nos hunde cada vez más, lejos de ayudarnos a salir adelante.
Pero cantar en estas circunstancias no es fácil, no es un don, no se nace con esta virtud, se adquiere, requiere crecimiento, madurez, práctica, se requiere luchar contra mi razón, mi entendimiento, el "no quiero".
¿Por qué Pablo a pesar de estar en lo más oscuro pudo ver? Porque tenía luz, la luz de Jesús. El carcelero carecía de ella, la pidió y le fue dada.
¿Qué harás cuando los obstáculos te impidan avanzar, cuando las aflicciones te opriman, cuando las mortificaciones quieran esclavizar tu alma?
Orar y cantar
o
clavarte la espada
A veces me pregunto, ¿Qué hice para padecer esto? ¿O porque permitió Dios esto?
Aquí hay una explicación:
Una hija le cuenta a su madre como todo esta mal, esta reprobando álgebra, su novio cortó con ella y su mejor amiga se está cambiando de ciudad.
Mientras, su mama está preparando un pastel y le pregunta a su hija que sí quiere comer algo, y la hija dice, "Claro mama, me encanta tu pastel."
- "Ten, tomate este aceite," le ofrece su madre.
- "Guácala" dice la hija.
- "¿Que tal un par de huevos crudos?"
- "¡Que asco, Mama!"
- "Entonces ¿quieres algo de harina? ¿O que tal bicarbonato?"
- "Mama, ¡todo eso es asqueroso!"
A lo cual la madre responde: "Si, todas esas cosas parecen malas por sí solas. Pero cuando las unes de la manera adecuada, ¡hacen un pastel maravillosamente delicioso! Así trabaja Dios.
Muchas veces nos preguntamos porque nos permite pasar por tiempos tan malos y difíciles. Pero Dios sabe que cuando pone todas estas cosas en Su orden, siempre trabajan para bien. Sólo tenemos que confiar en Él y, tarde o temprano, estas cosas harán algo maravilloso.
Dios te ama. Te manda flores cada primavera y un amanecer cada mañana. Cuando quieres hablar, El te escucha. Puede vivir en cualquier lugar del universo, y escogió tu corazón.
Espero que tu día sea "un pedazo de pastel!" Puede ser que la vida no sea la fiesta que imaginamos, pero ya que estamos aquí es mejor que bailemos, ¿bailamos?
Autor anónimo.